viernes, 19 de octubre de 2012

LÉON DEGRELLE 3 (color): "Hitler siempre está presente ante mis ojos: 'como un hombre de paz en 1936, como un hombre de guerra en 1944'. Incluso su complexión, se encendía al hablar. Y en esos momentos puedo asegurar que Hitler era extrañamente atractivo, como si tuviese poderes mágicos."





EXTRAÑAMENTE ATRACTIVO

"Hitler siempre está presente ante mis ojos: 'como un hombre de paz en 1936, como un hombre de guerra en 1944'. No es posible el haber sido testigo directo de la vida de un hombre tan extraordinario y no estar marcado para siempre. 

No pasa ni un día en que Hitler no me venga a la memoria, no como un hombre muerto hace tiempo, sino como un ser real que camina por su despacho, que se sienta en su silla, que atiza los troncos ardiendo de su chimenea. Lo primero que uno notaba nada más verle era su pequeño bigote. Incontables veces le asesoraron que se lo quitase, pero siempre lo rechazó: 'La gente estaba acostumbrada a él como era.' 

No era alto, no más que Napoleón o Alejandro Magno. Hitler tenía unos profundos ojos azules que muchos encontraban embrujadores, aunque yo no pensaba así. Tampoco noté la corriente eléctrica que decían que daban sus manos. Nos dimos la mano bastantes veces y nunca recibí esa corriente. 

Su cara reflejaba emoción o indiferencia según la pasión o apatía del momento. A veces parecía que estaba aletargado, sin decir nada, mientras su mandíbula parecía estar haciendo añicos un objeto en el vacío. Entonces se avivaría de repente y te dirigía una alocución como si estuviese hablando para cientos de miles en la explanada del Tempelhof en Berlín. Entonces se transfiguraba. Incluso su complexión, normalmente incluso apagada y fría, se encendía al hablar. Y en esos momentos puedo asegurar que Hitler era extrañamente atractivo, como si tuviese poderes mágicos." 



Léon Joseph Marie Ignace Degrelle; de la obra "¿Quién era Hitler?"







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