sábado, 27 de octubre de 2012

LA ARQUITECTURA: "Vino a sumarse una misión de la mayor trascendencia. Pero la cima y remate de las reformas urbanas habría de ser la de Berlín, para la cual se destinaron fondos extraordinarios; se previó una gran cruz de calles destinadas a descongestionar el tráfico interior y nuevos espacios de verdor que penetrarían profundamente como lenguas radiales en el antiguo núcleo urbano. Muchas de estas obras no pudieron terminarse por causa de la guerra, pero por deseo expreso del Führer la labor de planeamiento prosiguió, a pesar del conflicto, sentando las bases de una futura actividad constructiva."



LA ARQUITECTURA EN LA ALEMANIA DE HITLER

Fue la personalidad del Arq. Albert Speer, Ministro del Reich e Inspector General de Edificación de la ciudad de Berlín, una de las más relevantes en el campo de la actual arquitectura alemana de la época. Nacido en Mannheim en 1905, cursó estudios en la Alta Escuela Técnica de Berlín. En posesión de las carreras de Ingeniería y Arquitectura, prestó relevantes servicios en el período de organización del nuevo Estado Nacional-Socialista, distinguiéndose con la construcción de las grandes obras destinadas a los congresos y reuniones del Partido de Nuremberg.

En 1937 fue nombrado Inspector General de Edificación de la ciudad de Berlín, y en esta calidad, encargado de los grandes planes de reforma que vieron un comienzo de realización y de los que fueron elementos destacados el magnífico edificio de la Nueva Cancillería y la larga avenida transversal  que cruzaría Berlín de este a oeste, con toda una serie de importantes edificios.

La labor desarrollada en este aspecto indujo al Führer, a raíz de la desgracia que costara la vida al Dr. Fritz Todt, a confiar el Ministerio (por éste antes regentado) al Arq. Albert Speer, que figuraba entre los colaboradores más íntimos de Adolf Hitler. Con ello vino a sumarse a sus ya importantes tareas, de magnitud histórica, una misión de la mayor trascendencia.

La primera gran obra arquitectónica en un ambiente histórico y urbano fue la Plaza Real de Munich, debida al primer Arquitecto del Führer, Paul Ludwig Troost, fallecido, por desgracia, poco antes de terminarla. A ambos lados de los Templos de la Fama, erigidos en conmemoración de los muertos del intento de alzamiento nacional de noviembre de 1923, dos grandes edificios de la Jefatura Suprema del Movimiento cerraban la parte oeste de la plaza, que, despojada de todo elemento natural y fortuito (como árboles y verdor), daban un marco de piedra severo y digno a los héroes caídos. Fue también Troost autor de la Nueva Casa del Arte Alemán, en la que se celebraban exposiciones anuales de pintores alemanes contemporáneos y que reafirmaban la posición de Munich como importante centro de actividad artística.

En Nuremberg, la ciudad de los congresos del Partido Nacional Socialista, era donde podía comprobarse mejor el influjo antes señalado, de la renovación política sobre las creaciones arquitectónicas; aquí, en efecto, surgió en la mente del Führer, al calor de las primeras y cada vez mayores manifestaciones al aire libre, el magno proyecto de la Explanada de los Congresos del Partido, conjunto de construcciones monumentales de las que algunos estaban casi terminadas ya, al interrumpirse las obras a consecuencia de la guerra; los edificios del Foro del Movimiento, el Pabellón del Congreso, la amplia Vía de los Desfiles, de noventa metros de anchura; el Campo de March, que serviría en el futuro para las manifestaciones del Ejército; el «Zeppelinfeld», el proyectado Estadio Alemán, fueron sus partes esenciales. El planteamiento fue encomendado en 1934 a Albert Speer, el cual concibió un eje atrevido en el dispositivo general y amplió  considerablemente las proporciones totales de éste, que fue, además, puesto en contacto más estrecho con la vieja ciudad.

Pero la cima y remate de las reformas urbanas habría de ser la de Berlín, encomendada también a Speer, para la cual se destinaron fondos extraordinarios. Se previó una gran cruz de calles con eje dominante Norte-Sur, con cuatro grandes calles de circunvalación destinadas a descongestionar el tráfico interior, y nuevos espacios de verdor que penetrarían profundamente como lenguas radiales en el antiguo núcleo urbano. Ya en 1939 se había terminado una parte importante de la avenida Este-Oeste desde la Puerta de Brandenburgo hasta la Plaza de Mussolini.

Poco antes se había construido también el primer edificio representativo dentro de la reforma: la Nueva Cancillería. Esta, elevada por Speer en el breve espacio de nueve meses, prestó su marco adecuado a las esculturas de Arno Breker, a los mosaicos de Hermann Kaspar y a los gobelinos de Werner Peiner, y fue tan característica del nuevo espíritu por sus líneas externas, equilibradas y sencillas, como por su aspecto interior, en el que sobresalían la Gran Galería de Mármol y el Despacho del Führer.

Otra serie de ciudades serían también objeto de amplías reformas. Entre los nombres de Arquitectos destacados, se puede añadir a los de Troost y Speer, los de Joseph Thorak y Kurt Schmid Ehren, que actuaron en Munich y Nuremberg; Hermann Giesler, Roderich Fink y Wilhelm Kreis, cuya labor fue, asimismo, muy fecunda y variada.

Finalmente, una breve referencia a las Escuelas de Mandos, entre las que cabe citar la de Sonthofen, obra de Giesler; numerosos Hogares de la Juventud Hitleriana; la Escuela Superior del Partido, que comenzó a construirse en Chiemsee, etc. Muchas de estas obras no pudieron terminarse por causa de la guerra, pero por deseo expreso del Führer la labor de planeamiento prosiguió, a pesar del conflicto, sentando las bases de una futura actividad constructiva.



Ana Valerio






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