miércoles, 3 de octubre de 2012

HEINRICH HIMMLER 2 (color): "El ilustre Reichsführer de la aguerrida SS, que dio la batalla contra los enemigos de Alemania; que ha de merecer aplauso de todos los corazones nobles que sientan su respectivo Patriotismo, por sacar a su país de la humillación, del ludibrio y de la ruina. La paz interior que Himmler dio como fruto no fue lograda tan sólo con normas de energía y de la ley, sino también por una conducta de lealtad al Führer y de amor a la Patria. Con estos sentimientos de respeto, de cordialidad y de adhesión, acoge hoy Barcelona a su huésped. Fue la garganta de Himmler la que gritó «¡Un Führer, un Pueblo, un Reich!»"





HIMMLER O LA PAZ INTERIOR DE ALEMANIA

La fortaleza y la autoridad de un Estado con proyección en lo internacional tienen como base inexcusable la fortaleza y la autoridad Interior. Garantizarlas es cimentar la influencia y la hegemonía en el Exterior, imponiéndose así no sólo con la razón de la fuerza, sino con la fuerza de la razón. Este es el caso de Alemania, renacida en el III Reich. Las victorias de sus armas y de su diplomacia, fuera de las tierras propias, han ido precedidas de la victoria contra los enemigos interiores que, en Alemania como en todas partes, intentaron perpetrar su traición miserable y diversa contra los destinos de una Patria y el sentido reivindicador de una historia. 

Casi no es necesario recordarlo: desde el Comunismo hasta el Partido del Centro, pasando por la Social-Democracia, la Alemania de Hitler tuvo que afrontar terribles asechanzas, insolentes y agresivas unas veces como en los Partidos Marxistas, y otras farisaicas y solapadas como en aquellos famosos Partidos de Centro y en aquélla Social-Democracia a que hemos aludido, enemigos tan acerbos, y mucho más peligrosos que el propio Comunismo, de todo lo que representaba al Nacional-Socialismo. Pues esa lucha que tuvo en la persona del Führer, como todas las actividades de la gran Alemania, su paladín supremo, encontró también, como todas, el lugarteniente en que el Führer pudo descansar o, dicho mejor, confiar, para entregarse a tantas y tantas diversidades del pensamiento y de la acción a que le requería la hora suprema de organizar y consolidar un Estado dentro y fuera de sus fronteras.

Este lugarteniente fue Himmler, el ilustre Reichsführer y jefe de la aguerrida SS, que dio la batalla contra los enemigos interiores de Alemania y puso así, el cimiento de las victorias que al correr de los años había el III Reich de lograr contra sus enemigos en el exterior. Colaborador político, además del Führer-Canciller, Himmler no se limitó a ser el hombre de acción que las circunstancias imponían; sino que asesoró a su jefe en importantes problemas de gobierno. Y cuando, por ejemplo, desde la radio de Linz, en las vísperas del rescate de Austria para su genuina metrópoli, el III Reich, se voceaba al mundo la proclama del Führer dirigida a sus genuinos compatriotas, fue la garganta de Himmler la que gritó ante el micrófono: «¡Un Führer, un Pueblo, un Reich!» Y Himmler acompañaba al día siguiente al Führer-Canciller en su entrada triunfal en las tierras reivindicadas de la vieja Austria.

Hemos publicado ya, en días anteriores, la semblanza adecuada a la noción que queremos infundir en nuestros lectores sobre la alta personalidad que cuando estas líneas se publiquen será huésped de Barcelona. Queremos completar hoy aquella nota biográfica, con estos recuerdos para completar a su vez aquella noción y para que el pueblo de Barcelona sepa que al recibir hoy y aclamar a Himmler, acoge y exalta a uno de los más egregios forjadores de la nueva Alemania. Pocas palabras más necesitaremos consignar como expresión de la complacencia y del honor que sentimos al dar la bienvenida a quien tanto hizo con un ardiente Patriotismo, que ha de merecer aplauso de todos los corazones nobles que sientan su respectivo Patriotismo, por sacar a su país de la humillación, del ludibrio y de la ruina a que le había condenado el sanedrín de Versalles. 

La paz interior que Himmler dio como fruto de su obra al Führer-Canciller en respuesta a la confianza que éste había depositado en él, ha sido la base del engrandecimiento y de la victoria de Alemania. Esa paz interior no fue lograda tan sólo con inexorables normas de energía y de aplicación estricta de la ley, sino también por la ejemplaridad de una conducta de lealtad al Führer y de amor a la Patria. Al dar la bienvenida a Himmler, como al dársela a cuantas representaciones nos envía el III Reich, no podemos olvidar -ni lo olvidará ningún corazón de español auténtico- que es oportuna la coyuntura para reiterar gratitud y hermandad a la nación que fue amiga de España en los momentos en que ser amigo de España era poner a dura prueba el sentido de la amistad, porque eran los días de adversidad española en que, se hallaba en durísimo litigio y en arriesgada incertidumbre nuestra Patria. Con estos sentimientos de respeto, de cordialidad y de adhesión, acoge hoy Barcelona a su huésped, doblemente ilustre por su propia personalidad y como representación del Führer.



Texto difundido en "Barcelona, España"; 23 de octubre de 1940.







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