viernes, 31 de agosto de 2012

RUDOLF HESS 4 (color): "En aquella celda de Landsberg el Führer me dictó el Mein Kampf. Reconozco mi voz, el resto no. Jamás pensé que lograran capturarme... No lo sé con seguridad, me han traído con los ojos vendados. Estoy solo. ¡Y ojalá tuviera mi revólver!"

 
 


ÁGUILA FÉNIX: ENTREVISTA A HESS BAJO HIPNOSIS EN SPANDAU (PARTE 1)
 
 
En 1952, el teniente coronel John Andrew Preston, del cuerpo psiquiátrico del ejército norteamericano, abandonó el frente de Corea, donde había desarrollado un estudio sobre la fatiga de combate. Su siguiente destino era Berlín. El 12 de febrero el teniente coronel Preston llegó a la prisión de Spandau. Su misión era analizar mediante el método psicoanalítico los mecanismos inconscientes en los que se basa la ideología Nacional-Socialista. Preston se felicitaba de la suerte que suponía que Hess, el máximo ideólogo Nacional-Socialista, siguiera vivo; y que además hubiera aceptado de buen grado colaborar con él. Rudolf Hess habló con el psicoanalista americano durante los meses de febrero y marzo de ese año. Cada palabra de sus encuentros fue grabada en cinta magnetofónica y puesta por escrito. A todo ese material se le llamó informe “Aguila Fénix”. Durante años, estuvo clasificado como secreto por la inteligencia militar. No obstante, Preston escribió un libro, basado en su informe, que no fue publicado hasta 1988. Lo tituló: “Las Pieles de la Serpiente”. El libro fue descubierto en Nueva York, en Zimmerman's, una librería de Greenwich Village, en la que se encontraron cosas muy interesantes. Estos son algunos fragmentos del contenido de “Las Pieles de la Serpiente”:
 
-Lo primero que me ha sorprendido de Rudolf Hess es su mirada. En principio resulta hostil por su intensidad. Pero enseguida comprendes que si te mira fijamente a los ojos es porque está analizando si eres un interlocutor al que merece la pena prestar atención o no. Curiosamente, transmite una cierta sensación de serenidad, ayudada por su elegancia innata y un sutil sentido del humor [...]. Se mantiene delgado y en forma a sus 57 años [...]. Me he tenido que recordar a mí mismo que estoy ante el último gran criminal Nazi vivo y no ante un Lord británico. Incluso su dicción en inglés es excelente.

RH: […]-Sí, por extraño que le parezca, así fue -remarcó Hess con displicencia, consciente del dominio de su puesta en escena-. En aquella celda de Landsberg, en 1923, el Führer me dictó el “Mein Kampf”. Sus ideas eran de tal grandeza que no podía pensarlas y escribirlas a la vez. Y, por otra parte, tenía muy mala letra...

-Aclaró con una leve sonrisa, adivinando mis dudas sobre si se estaba burlando de mí o no-.
RH: -Al final de cada jornada de trabajo yo ordenaba las notas y les daba forma.
JP: -¿Y no sintió usted nunca la tentación de añadir algo propio a lo que Hitler le dictaba? -le pregunté con cierta malicia.
RH: -En esos años, el Führer y yo éramos íntimos amigos y veíamos de idéntico modo cuál debía ser el futuro del pueblo alemán. Es difícil precisar dónde terminaba el pensamiento de uno y dónde comenzaba el del otro. Digamos, por no pecar de inmodesto, que adorné algunos capítulos -hizo una pausa para disfrutar de la calculada ambigüedad de su explicación.
RH: [...]-Nuestro antisemitismo, como usted lo llama, fue el intento de la solución global más honesta y consecuente al cáncer que desde el comienzo de la historia han sido los judíos. La constante obsesión de esa raza es el dominio económico del mundo; lo llevan en la sangre. Piense que todos los pueblos han procurado expulsarlos de sus territorios sin conseguirlo nunca del todo. Vuelven siempre, se enquistan y crecen dentro de cualquier sociedad. No tiene usted, teniente coronel Preston, más que mirar lo que sucede en su propio país... Nosotros afrontamos el problema directamente: eliminar el tumor de raíz: expulsarlos a todos. Es lamentable que el curso de la guerra no permitiera concluir el trabajo -añadió con el tono que uno utilizaría para quejarse de que una tormenta le ha arruinado el día de campo.
JP: -Disculpe, no puedo evitar interrumpirle. Aun suponiendo que estuviera de acuerdo con su concepción del pueblo judío, que por supuesto no lo estoy, están los límites; los límites de la crueldad y del horror. Su método pasaba por ellos. Es más, se fundamentaba en ellos. Y eso es lo inadmisible.
RH: -No. Simplemente es profesional y efectivo. En una mesa de quirófano es necesario derramar sangre para cortar un tumor. La diferencia entre nosotros dos es que usted sólo ve la sangre; y yo lo que veo es el tumor en el cubo de desperdicios y al paciente curado.

-Tras unas cuantas conversaciones similares, Preston reflexiona en su libro que no le parecía suficiente la cooperación y aterradora sinceridad de Hess, él quería llegar más lejos, ahondar en los mecanismos de ese cerebro; intentar acotar hasta qué punto una gran inteligencia podía, según él, convivir con la insensibilidad más extrema. Pensaba que la cadena no podía ser perfecta. En algún eslabón debería hallarse una fisura de humanidad. Y se propuso a encontrarla. Para ello, pidió a Hess permiso para someterle a un cuestionario bajo técnicas de hipnosis.
-Para mi sorpresa, Hess ha aceptado enseguida ser hipnotizado. Incluso le divierte la idea, dice que en Spandau no son frecuentes los espectáculos de variedades. Su única condición es que después quiere escuchar la grabación con lo que ha dicho.
RH: [...]-Estoy agazapado -fue su primera frase en estado hipnótico-. La oscuridad es total. No debo hacer el menor ruido, ningún movimiento que descubra mi posición. Sé que están ahí, quizá mucho más cerca de lo que creo. Debo ser paciente, dejar que ellos cometan el primer error... Tengo miedo; mucho más del que he sentido nunca... Pero he de mantener la mente clara y dominar la situación. Al fin y al cabo estoy armado... Y la oscuridad, a pesar de ser aterradora, es mi única aliada frente a ellos.
-Aunque Hess presentaba la típica inexpresividad y tono monocorde de todo hipnotizado, se notaba que mientras hablaba sufría un profundo terror a punto de desembocar en pánico. Pasado el trance, y ya en su estado normal de consciencia, escuchó la grabación.

JP: -¿Reconoce usted sus palabras, señor Hess?
RH: -Reconozco mi voz, el resto no.
JP: -¿Quiere decir que no recuerda haberlo dicho?
RH: -No, no. Quiero decir que no sé de qué he estado hablando. No sé qué significa.
JP: -Yo he pensado que se trataba de sus experiencias como soldado en la Primera Guerra Mundial. Podría referirse a una trinchera, en noche cerrada, en la que se hubiera infiltrado algún enemigo.
RH: -En efecto, eso es lo que podría sugerir. Excepto por un pequeño detalle: yo serví en aviación. Nunca en mi vida he pisado una trinchera -y al decir esto, la media sonrisa habitual había desaparecido de su rostro.
-Al día siguiente, el psicoanalista volvió a hipnotizarlo y dialogó con él en ese estado. Las palabras de Hess fueron:
RH: -Jamás pensé que lograran capturarme. Están más organizados de lo que suponía. Mi escolta no ha podido hacer nada, los han matado a todos. Siempre he estado preparado para una bala o un puñal, pero esto es mucho peor que un atentado. La oscuridad es casi total, me resulta angustiosa. La única luz entra por las rendijas de la trampilla del techo. La abren una vez al día para bajarme la comida con una cuerda. El cuarto es estrecho; he contado tres pasos escasos de largo y apenas puedo extender los brazos a lo ancho. La trampilla está a unos cuatro metros de altura, esto es como un pozo.
JP: -En la sesión anterior usted dijo que estaba armado y había alguien más: enemigos. ¿Ahora está solo?
RH: -Estoy solo. ¡Y ojalá tuviera mi revólver!
JP: -¿Es usted prisionero de los ingleses? ¿Le han retenido tras su lanzamiento en paracaídas sobre Escocia?
RH: -No son ingleses -contestó con cara de no comprender por qué le hacía esas preguntas.

JP: -¿Dónde se encuentra exactamente?
RH: -No lo sé con seguridad, me han traído con los ojos vendados. Por el tiempo que ha durado el viaje deben ser los alrededores de la ciudad.
JP: -¿Qué ciudad?
RH: -Erzurum, naturalmente. La ciudad está plagada de esa chusma.
JP: -¿Se refiere a los judíos?
RH: -Armenios... Los malditos armenios -masculló entre dientes con odio.
JP: -Dígame. Y sea por favor lo más preciso que pueda. ¿En qué fecha estamos?
RH: -Es Febrero. Creo que 17 de Febrero.
JP: -¿De qué año?
RH: -1894.
-Erzurum es una ciudad del noreste de Turquía, cercana al territorio armenio. En 1894, como sucedía en el resto del país, la policía turca ejercía la represión contra la población armenia. Preston aclara que al igual que en la primera sesión de hipnosis, Hess habló en alemán. Parecía estar contando un secuestro político. Pero lo más extraordinario era que lo hacía en primera persona, dando exactos que, por otra parte, se contradecían con lo dicho durante el primer trance hipnótico como si pertenecieran a dos historias distintas. Y sobre todo estaba la fecha. El 17 de febrero de 1894, ¡Hess aún no existía!; aún faltaban 68 días para su nacimiento en Alejandría. El teniente coronel Preston estaba perplejo, pero no lo estaba menos el propio Rudolf Hess. Tras cada sesión, que por las reglas de la hipnosis no podía durar más de unos minutos, el Nazi no tenía ni la más remota idea de a qué se referían sus enigmáticas palabras. De hecho, él fue el primer interesado en que se continuara indagando en su mente.
 
Continuará...
 
 
Teniente Coronel John Andrew Preston; del libro "Las Pieles de la Serpiente".
 
 
 
 
 
 
 

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